Publicado por: Capellán Strauss Belial (10 de junio, 2026)
Tiempo de lectura: 11 minutos
Existe una tecnología que permite compartir archivos entre muchas personas, de forma segura, muy rápida y sin depender de servicios cloud. Existe desde 2001, no depende de ninguna empresa, y tiene varios cientos de millones de usuarios activos en internet: BitTorrent. Aquí les cuento qué es, quién la usa, para qué sirve, por qué deberíamos estar usándola, y cómo.
Imágenes de Pete Linforth y Sandra Schön (Pixabay)
En el mundo angloparlante se usa hace décadas de forma ininterrumpida por cientos de millones de usuarios, pero por algún motivo en el mundo hispano es más popular usar sitios web de “descarga directa”, llenos de enlaces rotos, archivos de dudosa procedencia y bajo una avalancha de banners y troyanos. ¿Seremos masoquistas?
Como contexto rápido: BitTorrent es la tecnología P2P por excelencia. Una tecnología para compartir archivos “Peer to Peer”, o “entre pares”. Alguien expone un archivo a internet, y todos los que tengan algún programa que use esta tecnología (o “cliente BitTorrent”), lo pueden descargar al mismo tiempo. Pero es más que eso, porque apenas una de esas personas ha descargado aunque sea una parte de ese archivo, también aporta a la red compartiendo lo que ya descargó. Haciendo que el archivo se distribuya de forma increíblemente eficiente. No por nada Blizzard usa esta tecnología bajo el capó para acelerar las actualizaciones de sus juegos en millones de clientes a la vez (y así ahorrar cantidades groseras de costos en hosting).
Lo entretenido es que lo único que se necesita es descargar un programa que se conecte a esta red (como qBittorrent o Transmission), y ya. Pero vamos por partes…
Por algún motivo la comunidad hispanoparlante nunca ha sido muy cercana al uso de “torrents”, que es como se le llama a los archivos compartidos por la red BitTorrent. En el resto del mundo, el protocolo BitTorrent se estableció como el sistema para compartir archivos más masivo y estable de la historia, pero nosotros algo tenemos con la tecnología que siempre buscamos lo difícil.
Acerca de las consideraciones legales o éticas hablaré al final de este artículo, así que por el momento solo síganme la corriente.
En el mundo hispanohablante, cuando alguien quiere descargar una película, un álbum de música o simplemente un archivo demasiado pesado, lo común es encontrar posts de hace nueve años en un foro abandonado con una lista de “links de descarga directa”. Son enlaces a sitios como Megaupload o Rapidshare, y la mayoría del tiempo están rotos, son desesperantemente lentos, o un laberinto de banners de descarga falsos. Y ni hablar de la seguridad: solo te queda confiar en que ese usuario desconocido haya actuado de buena fe y no haya dejado un troyano de regalo en lo que intentabas descargar.
O si vamos a situaciones aún peores, mucha gente confía a ojos cerrados en sitios como Cuevana o sus iteraciones actuales. Sitios que cuentan con una potencia de servidores suficiente para stremear películas a cientos de miles de usuarios al mismo tiempo, y no cobran ni un céntimo. Pero la gente dice: “No, pero si es seguro, no tengo ningún virus”. ¿Sabe usted qué caracteriza a un buen troyano?… Exacto, que no se note que está funcionando; esa es justamente la gracia. Pero quién sabe, quizás me equivoco y los administradores de esos sitios solo invierten miles de dólares al mes por amor al arte. Y ni me hagan hablar de los banners, que quien crea que por inundar un sitio web de anuncios de AdSense va a ganar lo suficiente como para pagarse un almuerzo a la semana, probablemente no haya trabajado en marketing digital hace más de quince años.
Pero eso es lo que nos gusta: lo lento, inestable, difícil de encontrar y poco seguro. Y agregaría que “difícil de usar”, pero alguien podría pensar que estoy loco, que es solo cosa de saber navegar en esos sitios web y tener mucha paciencia (?)
Antes de explicar cómo funciona, vamos a lo concreto, a lo que hace que los torrents sean la mejor forma de compartir archivos en existencia.
Los torrents son una forma de compartir archivos entre pares, es decir, de usuario a usuario, sin tener que depender de sitios horribles llenos de banners que eliminan los archivos después de un mes.
Pero si solo nos mandamos el archivo manualmente, tendríamos un problema de practicidad. Sería asquerosamente lento.
Imaginemos que internet es una sala con 1.000 computadores, cada uno con capacidad para subir o descargar 10 MB por segundo. Un usuario quiere compartir una carpeta de 900 MB, llena de videos del último torneo de Magic del condado. Así que deja la carpeta disponible en la red para que los demás la descarguen. Según cómo funcione esa red, podría descargarla un usuario por vez hasta que todos la tengan, o todos la descargaran a la vez repartiendo la capacidad. Sea como sea, para que todos tengan la carpeta habría que esperar casi 25 horas.
Esa es la manera básica de repartir archivos. Y es una manera horrible y tediosa. Pero BitTorrent viene al rescate…
Ahora imaginemos esto: la carpeta puede ser enviada y recibida de a trocitos de 1 MB, y un usuario que recibe un trocito puede compartirlo con otros al mismo tiempo. Esto quiere decir que el primer usuario puede darle un trozo de la carpeta a diez usuarios al mismo tiempo, y esos diez usuarios pueden compartir el trozo que acaban de recibir con otros diez usuarios a la vez. De esta forma la velocidad de compartición de la carpeta crece exponencialmente, como una explosión de espuma espectacular. Eso hace BitTorrent.
Con ese método se acelera la velocidad de 25 horas a un minuto y medio, ¡nada mal! Es la forma matemáticamente más rápida de transferir archivos a muchas personas.
Técnicamente habría una variación en esos 90 segundos, porque puede haber latencia en la red, diferencias en las velocidades de los usuarios, coordinación de bloques por rareza, etc. Pero para el ejemplo, sirve.
Además, si el primer usuario se desconectara, el torrent sigue disponible desde el resto de los usuarios. Por eso podemos encontrar torrents de películas de hace 20 años, mucho tiempo después de que quien las subió originalmente ya no está en la red.
¿Quién puede asegurar que cuando subes tu archivo a ComparteTusArchivosSuperLegales.com, estos no son adulterados por la plataforma? ¿O cómo sabes que no fueron alterados en esa plataforma después de subirlos?… Nadie. Esas plataformas no son seguras ni confiables.
El protocolo de BitTorrent usa un sistema de seguridad que se llama cifrado por hash. Esto quiere decir que si alguien alterara aunque sea un solo bit de información del torrent, este queda inutilizado y es rechazado por la red. Y es un sistema de seguridad matemático, no de software; no es “hackeable” a nivel de software. Por eso el sistema de torrents lleva más de veinte años funcionando sin interrupciones ni desastres.
Los torrents pueden compartirse mediante un archivo “.torrent”, de ahí el nombre, o mediante un enlace tipo “magnet”. Ese archivo o enlace se abre dentro de un cliente de torrents, como qBittorrent o Transmission, y el programa inicia la descarga automáticamente. Eso es todo.
Los archivos “.torrent” son la forma tradicional, mientras que los enlaces magnet son la versión más moderna: solo copias y pegas un enlace en lugar de descargar archivos.
La única diferencia con cualquier otro sistema es que se sugiere dejar el programa corriendo al menos un tiempo más para ayudar a la red compartiendo el archivo con otros usuarios, para colaborar. Para esto muchos programas permiten configurar cuánto quieres compartir un archivo antes de detenerlo automáticamente, sea por tiempo o cantidad.
Lo que sí ha adquirido popularidad en el mundo hispanohablante es el programa Stremio, o hasta hace poco PopcornTime antes de que lo eliminaran. Estos programas que cumplen la misma función que Netflix o HBO usan el protocolo BitTorrent de fondo; mientras ves una película, la estás compartiendo con otros usuarios al mismo tiempo. De hecho, si lo usas desde un PC, puedes copiar el magnet de la película que estás viendo, pegarlo en tu cliente de torrents y descargarla como un torrent común y corriente.
Además, muchas empresas del mundo de los videojuegos usan implementaciones propias del protocolo. Como tienen que distribuir juegos y actualizaciones de varios cientos de GB a millones de usuarios, recurren a sistemas P2P. Cuando descargas o actualizas juegos como World of Warcraft o Diablo de Blizzard, League of Legends o Valorant de Riot Games, Fortnite de Epic Games, World of Tanks o World of Warships de Wargaming, cualquier juego en Steam, o incluso las mismísimas actualizaciones del spyware de Microsoft Windows, estás usando este mismo método de compartición de archivos.
El protocolo de BitTorrent, las especificaciones técnicas para crear software que comparte torrents, es un protocolo abierto, de cierta forma “de dominio público”. Esto quiere decir que aunque Rainberry Inc., la empresa dueña de la marca BitTorrent, decidiera modificar ese protocolo, todo el ecosistema de desarrolladores de software podría ignorarlo y seguir usando el mismo de toda la vida o iniciar una versión alternativa nueva, como ha pasado muchas veces con software open source popular.
La red torrent es una red abierta que existe como la suma de todos los usuarios que la usan. Todo el contenido que circula en la red está, literalmente, en la misma red y no centralizado en una empresa. Si un día Megaupload decide cortar su servicio, todos los enlaces a Megaupload dejarían de servir. Si un día Rainberry Inc. desapareciera, la única diferencia sería que los clientes de BitTorrent ahora podrían mencionar ese nombre libremente; todos los torrents seguirían existiendo sin ningún cambio.
He hablado de descargar películas como si nada. Y es porque es cierto: la red torrent se usa muchísimo para compartir material licenciado. Pero este artículo no es para hablar de ética capitalista. Aquí creemos en la decencia humana y no en legalismos. ¿A quién realmente afecta que se comparta por internet el último lanzamiento de Disney? ¿Que el año 2022, en lugar de tener ingresos por 85 mil millones de dólares, solamente ganaron 82 mil millones? Y eso mientras los actores tuvieron que hacer huelgas para que no les sigan recortando sus sueldos una y otra vez.
Y ni comencemos a hablar de música, que no por nada las bandas han tenido que mantenerse en giras de conciertos sin parar, con precios exorbitantes, para poder tener un nivel de ingresos que al menos se acerque a lo que ganaban antes de Spotify. Spotify que, dicho sea de paso, acapara cantidades inmorales de dinero sin invertir ni un solo centavo en hostear música; los mismos sellos y artistas deben costear eso por su cuenta.
Este artículo es solo para plantear una forma de compartir archivos mucho más eficiente que la estupidez de los enlaces directos. Para hablar de moralinas están las iglesias. Cada uno decide a quién le da dinero y a quién no. Solo diré que tengo toda mi colección de música en discos físicos y digitales comprada legalmente porque puedo hacerlo directo a los artistas, o al menos desde plataformas que les pagan decentemente, como Bandcamp.
De todas formas, esta es solo una tecnología para compartir archivos. Que se use mucho para piratería es circunstancial. Si grabaste un evento entre amigos y les quieres compartir los 5 TB de información a todos rápido, ten por seguro que BitTorrent será la mejor, y probablemente única, alternativa que tengas. A menos que pagues un plan de almacenamiento cloud con la capacidad suficiente, pero ni siquiera comencemos a hablar de ese desastre.
Programas para descargar torrents hay muchos. Lo importante es siempre elegir programas open source y con buena reputación. Recomiendo Transmission, qBittorrent o Deluge. Solo procuren descargarlos desde sus sitios web oficiales.
Para encontrar torrents con el material que buscan, en multimedia pueden recurrir a 1337x o YTS, y para libros a Anna’s Archive. Aunque en ese caso, si pueden comprarlo a los autores, tanto mejor. Puede ser irónico recomendar sitios centralizados, pero consideren que solo son índices; los torrents mismos no dependen de esos sitios.
Solo procuren escoger los torrents que tengan muchos seeds, que son los usuarios compartiendo el archivo. Los leech, por otro lado, son los que solo lo descargan sin aportar a la red. E idealmente subidos por usuarios de confianza, como de los grupos YFYI o YTS para películas o series. Esto porque si confían en el primer torrent que encuentren, pueden toparse con algo contaminado subido por alguien malintencionado, algo que suele ser la norma en los links de descarga directa. Aquí al menos pueden verificar antes.
Este no es un artículo acerca de cómo descargar y compartir contenido sin pagar, aunque mencione una forma de hacerlo. Esto es un artículo acerca de cómo dejar de depender de tecnologías cerradas y poco sustentables de empresas privadas. Es una herramienta más que podemos usar de forma autónoma. Es otro grano de arena para poco a poco emanciparnos de tanta dependencia estructural a empresas que solo buscan enriquecerse a costa de nuestro tiempo y paciencia, que solo nos ven como un ganado al que drenar a nivel tanto económico como personal. Llevan décadas convenciéndonos de que lo aparentemente sencillo es lo mejor y que aprender a usar la tecnología es tedioso e indeseable, solo para que dependamos de ellos y sus divinos accionistas se puedan comprar otro auto de hiperlujo… Ya basta.