Publicado por: Capellán Strauss Belial (16 de febrero, 2026)
Tiempo de lectura: 10 minutos
Cuando visitas este sitio, no hay ningún Google Analytics conectado registrando tus movimientos, ni siquiera una instancia de Plausible con su respeto por la privacidad de datos. Nada. No tengo ninguna forma de saber cuando alguien visita mis artículos. Este es un blog con cero métricas de ningún tipo. Y es completamente intencional.
Fotografía de Pexels en Pixabay
Quiero que mi blog sea sincero y personal. Y solo esas dos cosas, por mucho que se diga que siempre es mejor enumerar 3 cosas al escribir en internet.
Desde hace alrededor de 15 años, cuando Google lanzó su motor de búsquedas por IA con Google Brain el 2010, ha habido una obsesión enfermiza en la webósfera por medir todo, buscar siempre la optimización, alcanzar la monetización, llegar al Nirvana de a lo que ahora supuestamente todos deberíamos apuntar. Todos se pelean a codazos por aparecer arriba en los benditos resultados de búsqueda. Visibilidad, como valor sagrado al que no puedes cuestionar si no quieres ser visto como un loco por los expertos en SEO, los expertos en Marketing Digital, los expertos en Outbound Marketing, los expertos en generación de contenidos, o por la figura mítica del “influencer” al que todo autor o autora en internet debería aspirar.
Calma, respira, cierra los ojos, y ve a tu lugar feliz. Quizás teniendo 15 años, conectado a internet por SML. Esa época en la que internet era un lugar que uno visitaba. Internet no era “todo”, no era una capa social que te ahoga hasta cuando vas al baño y ves un código QR para descargar los 10 consejos más importantes de bienestar íntimo junto a una oferta de un 10% en tu próxima compra en la farmacia. Internet era algo que uno iba voluntariamente a visitar al final de la tarde, en un computador de escritorio con un mueble dedicado en un lugar cómodo de la casa. En ese espacio liminal ambiguo entre la última comida u once del día, y la hora de acostarse. Dedicabas una o dos horas a sentarte frente a ese computador: lo encendías, accedías intencionalmente a un internet que se desplegaba frente a ti solo cuando tú lo decidías, buscabas información original y artesanal acerca de tus hobbies, conversabas con tus amigos concentrado en chats individuales, escuchabas música guardada en tu computador y adquirida muy legalmente, y cuando ya no tenías nada más que conversar con tus cercanos, te despedías por el día, apagabas el computador, todo volvía a una sana normalidad y te ibas a acostar en paz.
Pero el capitalismo atacó.
"¿Por qué la gente está perdiendo tiempo comiendo tranquila o acostándose con calma para descansar de forma sana cuando perfectamente podría estar viendo nuestros anuncios y consumiendo nuestros productos?"
Aunque no pasó de esa forma. No fue una decisión tomada en una junta de directorio oculta al fondo de un volcán con tiranos sonrientes de aureolas doradas decidiendo cómo manipular a la gente con un súper plan secreto. No, fue algo natural, algo orgánico, algo inevitable. Primero fueron los accionistas tomando control de las empresas, y de ahí en adelante, decisión estratégica comercial tras decisión estratégica comercial, todo se fue permeando con la religión de la eficiencia capitalista.
Todo debe ser eficiente, todo debe ser óptimo, hasta lo que supuestamente disfrutamos y queremos que no se termine. ¿Conversar durante una hora seguida con tu mejor amiga? Olvídalo, es mucho más eficiente conectarte a una red social y ver doscientas imágenes de gente que no conoces, alguna que otra amistad cercana que pasa fugaz entre otros noventa posts de “influencers”, dar unos likes aleatorios y saltar a la siguiente red social. Así no desperdicias tiempo socializando y lo inviertes en muy valiosa atención. Así como la oveja que más lana da es la más valiosa, el usuario de redes sociales que más tiempo está conectado es el más valioso. Y no solamente conectado, sino que conectado y haciendo scroll entre miles de posts diferentes, donde haya espacio de estampar una muy rentable miríada de anuncios intermitentes. Un chat privado entre amigos no, nunca, eso no es bueno para darle valor a la empresa. No eres el beneficierio de una red social, sino solo el ganado lanudo por el que anunciantes pagan millones y millones de dólares por día.
Al menos las ovejas pasan el día caminando por prados verdes y aire libre.
Y no importa si todo esto te afecta, no importa si tu vida social es una enfermiza vorágine de likes y ninguna conversación personal más duradera que un “jajaja” como respuesta a un meme. Es más, si te afecta, si te sientes aislado, no te preocupes, porque tienes a tus sagradas redes sociales con shots de dopamina que te harán sentir mejor durante un rato más. Al otro día te sentirás aún más solo, con una mayor sensación de despropósito, pero tranquilo, que tienes los shots de dopamina en el bolsillo, ¡otra hora más de likes! Y así un círculo vicioso que solo la psicología y la psiquiatría osan identificar como adicciones. Qué bueno que quienes deciden son ingenieros comerciales, o sino nos habrían quitado la dicha de ver el séptimo tutorial de skin-care del día.
¿Y qué tiene que ver eso con las métricas perdidas de mi blog?
Pues bastante. Llevamos casi 20 años obsesionados con la eficiencia a un nivel así de personal. Y eso significa que todo lo que hacemos en nuestro día a día debe ser eficiente. En realidad esa eficiencia solo le sirve a los accionistas, pero esta intromisión en nuestra psique nos ha convencido de que todo en nuestra vida debe ser conveniente, práctico, eficiente.
¿Para qué gastar horas del día pasándolo bien con tus amigos en torno a una película en formato físico, sacada de un videoclub de la ciudad, si puedes acceder a un catálogo de cientos de películas basura sin levantarte del sillón del living ni tener que darte el tedio de salir a esa peligrosa e incómoda calle para ir a ver a tus amigos? ¿Cómo se te ocurre perder valioso tiempo de atención frente a anuncios, recostado en tu cama, escuchando un disco completo de tu banda favorita con los ojos cerrados, cuando puedes acceder a millones de playlists automáticas ordenadas por ánimo en tu cajita de shots, que no te interrumpirán de eso tan valioso que hacías en redes sociales?
No, nada de disfrutar de la compañía física de tus cercanos, de una obra musical de 45 minutos hecha solo con el fin de que la disfrutes sin que te molesten, no, herejía, todo debe ser práctico. Todo debe ser conveniente. ¿Ir a un restaurante cerca de tu casa? Pero si es mucho más práctico pedir algo por una aplicación de comida a domicilio. ¿Ir al cine con tu grupo de amigos? Pero si es mucho más práctico ver lo que tienes disponible en tu televisor conectado a internet y comentarlo a miles de personas súper importantes en tu vida en redes sociales. Es mucho más prácitco. ¡Es mucho más práctico!
¡Práctico es dejar que te arreen como a una oveja a la que llevan a comer del pasto que más utilidades les da y lo hagas sonriendo y criticando al que lo cuestione!
¿De qué me sirve lograr la mayor cantidad de visitas posibles? ¿De qué me sirve saber qué tipo de artículos son los más leídos? ¿De qué me sirve saber cuánto tiempo invierten en leerlos para saber de qué extensión deberían ser? ¿Para qué quiero cinco mil visitas a un artículo, si con recibir un solo mensaje con comentarios ya me siento contento?
¿Se acuerdan de esa época en que uno decidía qué quería en su vida? ¿En que no habían decisiones por default, convenientes para unos pocos? Ahora no tienes que pensar, solo tienes que decir: “Pero si es más práctico usar [inserte aquí la aplicación de moda]”. Yo todavía me acuerdo de eso y no voy a soltar esa libertad personal. Afortunadamente soy de la última generación que vivió en ese paradigma. Yo decido qué quiero, yo decido qué es lo que me genera más satisfacción, y yo decido cómo lo obtengo.
¿Que si optimizo las visitas podría poner anuncios y monetizar el blog? No, no me interesa. De todas formas eso genera varias veces más ganancias a la red de anuncios que a mí, y tampoco creo que tanta gente lo lea como para tener ese tipo de asquerosa rentabilidad. Para ganar plata tengo mi trabajo. Mi blog no tiene un fin comercial, ¡no todo tiene que tener un fin comercial! En serio, pregúntenle a su millennial o generación X más cercano qué tan “monetizado” era el internet antes del 2010. Y de pasada pregúntenle si le parecía incómodo o si se sentía vacío por usarlo.
Yo escribo porque me gusta escribir. Porque recuerdo una época en que el 99% de internet era contenido con exactamente la misma intención. Hubo una época en que internet era una espacio colaborativo en que todos los que generaban contenido lo hacían solo por la intención de compartir sus ideas y nada más. Prácticamente nadie buscaba la sagrada monetización. A nadie le importaba si sus páginas web estaban optimizadas o no. Es más, lo que primaba era la actitud, no la optimización. ¿Que el sitio web cargaba lento porque tiene muchos GIF e imágenes adornando? ¡Qué importa! Uno prefería esperar cinco o siete segundos más, pero ver una página web con personalidad, donde uno realmente sentía que estaba “visitando” al autor o autora en su lugar personal. Y si estás leyendo esto, eres más joven y no viviste esa época, pregúntale a alguien mayor que haya tenido acceso a internet qué tipo de contenidos veían. Probablemente te comenten acerca de contenidos que generaban sus amistades cercanas, o de gente lejana pero contenido original y personal.
Como muestra, ¿conocen los juegos de rol? Hoy en día está todo dominado por dos mundos: las plataformas VTT o grandes marcas como D&D, inundando internet con sus ofertas, o una miríada de proyectos indie, que si bien han sido una refrescante explosión de originalidad, todos son llevados por gente luchando entre sangre, sudor y lágrimas por lograr la bendita rentabilidad. ¿Se imaginan cómo era el mundo del rol en el internet pre shareholders? Era un río torrentoso, ancho y constante de material original sin costo. Aún recuerdo haber coleccionado material en una carpeta que alcanzó más de un GB solo en documentos de texto e imágenes de baja resolución. Eso eran cientos y cientos de libros o suplementos “fan-made” compartidos en internet por amor al arte. Y sí, admito que de una calidad artesanal infinitamente menor a lo que se ve hoy en día, pero apostaría muchas cosas a que la inmensa gran mayoría de “creadores” de hoy en día, tienen una rentabilidad igual a la de los creadores de esa época (nula).
La diferencia es la intención. Mientras hoy todo debe seguir los mandatos del dios de la monetización, antes era solo amor al arte y ganas de compartir con el resto.
Mi intención con este blog es coleccionar mis ideas en palabras y compartirlas con quien quiera leerlas. Y si solo son seis personas, espero que les sea interesante y se sientan a gusto en este espacio personal.
Ave a ustedes.